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Prólogo

PRÓLOGO DEL LIBRO POR JUAN JOSÉ LUCAS GIMÉNEZ

 

Juan José Lucas Giménez

El primer efecto, cuando se descubren la catedral y sus tesoros, las calles, plazas y soportales que configuran la esencia de El Burgo de Osma, es de sorpresa y admiración por su riqueza histórica y artística. Su entorno, las villas y pueblos más cercanos como San Esteban de Gormaz o Berlanga de Duero en nuestra bella Soria que esta Guía se convierta en breviario del visitante que trata de descubrir el alma de las ciudades.

 Sin embargo, Angel Almazán de Gracia propone una visión más allá de lo puramente descriptivo. No nos acerca la ciudad, sino su ciudad, mi ciudad, al alma del viajero.

 Debo decir que, por ello, me resulta difícil contener el tono en el prólogo de esta Guía para el viajero curioso e inquieto sin asumir actitudes subjetivas.

Es difícil porque sus páginas evocan una atmósfera tan familiar y entrañable que supone un gran esfuerzo superar las propias vivencias y presentar la obra con el rigor que merece. Desde luego, cada capítulo enseña al viajero no a ver, sino a mirar, no a oír sino a escuchar, lo que late en la historia, en las piedras y en las gentes de El Burgo de Osma (para mí El Burgo).

Cada página recrea el escenario común donde generaciones han aprendido a vivir con la hidalguía, la fidelidad, el coraje y la fortaleza propias de esta tierra. Sin olvidar, claro está, la dulzura de leyendas y sonrisas en los labios de nuestras madres y abuelas.

Así, bajo el sol o bajo la nieve, desfila la historia, fluye el río, transcurren los días y aparece el paisaje de la infancia, que es el paraíso de todos los hombres. Plazas y calles en torno a la Catedral se perfilan en cada línea luminosas o sombrías, humildes o señoriales, hermosas siempre. La vida entera gira en torno a ellas y como un espejo reflejan el sentir de siglos.

 Para palpar este sentir es necesario vivir El Burgo como lo que es: un lugar de encuentro. Encuentro de cultura y civilizaciones, del río y de la ribera, de El Burgo y de Osma, de murallas y soportales, de lo propio y lo foráneo… Porque en este encuentro se fraguaron los años florecientes de la villa. De este modo sugiero que la tolerancia, la hospitalidad y el talante abierto continúen siendo motivo de unión y progreso.

Porque desde luego, la visión de mi ciudad no puede limitarse a recrear el pasado. Precisamente el carácter intimista de esta Guía permite diseñar un presente y futuro en común entre la tradición y la expansión.

Así, sin duda, el visitante descubre también una población que es centro de servicios, de turismo, de gastronomía, de cultura, etc…

Conocer la realidad de El Burgo de Osma seguirá siendo un encuentro fructífero entre burgenses y viajeros.

Quisiera, en definitiva, agradecer en este prólogo al autor que haya sabido reflejar fenomenalmente el espíritu de nuestra tierra, y desear a los lectores que esta Guía les sirva para comprender ese espíritu. A la postre sólo se ama lo que se conoce.

Juan José Lucas Giménez . Presidente de la Junta de Castilla y León

Valladolid, 1996

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