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Presentación del libro

Este es el texto de la presentación del libro que llevé a cabo en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de El Burgo de Osma en 1987

Filosofía de la obra

El Burgo necesitaba tener, y con urgencia, su propia guía turística, puesto que desde hace 20 años carecía de ella, y los folletos turísticos son demasiado elementales para el visitante exigente. Se trataba, por tanto, de ofrecer al lector una guía moderna, lo más próxima pobible a las exigencias del turista contemporáneo que no sólo quiere saber cuáles son las particularidades artísticas elementales de los monumentos que está viendo, sino que también busca el paisaje, la anécdota, la particularidad propia del enclave o edificio que está viendo, la historia oculta o muy poco conocida del lugar, a la par que igualmente pide mapas, planos, direcciones, nombres y oferta gastronómica, hostelera y de servicios varios que pueda hallar en la localidad que está visitando.

Y se trataba también de escribir un libro muy diferente a la Guía artística e histórica que Palacios y Frías Balsa editaron hace 20 años. Asimismo tenía que ser poco parecida a la Guía Artística de la Catedral escrita por José Arranz Arranz. Debía ser una Guía en la que el lector lograse conectar y tener cierto grado de empatía y simpatía, con el autor. Una Guía de prosa fluida, amena y alejada de los tecnicismos academicistas del historiador del arte o del arqueólogo. En fin, tenía que ser una Guía novedosa en todos los sentidos. Y eso es lo que he intentado conseguir. Que lo haya logrado o no, los lectores tendrán la palabra y serán los mejores jueces.

Claro que para intentar alcanzar estos objetivos era preciso que el autor se convirtiera en un compañero del lector, y por tanto me veía en la obligación de confesarle cuáles eran mis pensamientos, sentimientos, intuiciones y percepciones sobre El Burgo de Osma y su entorno. No había otro remedio que impregnarle al libro de un tono muy personal, no exento por otra parte de cientos de datos totalmente objetivos, científicos y ortodoxos como lo evidencia el amplio centenar de obras consultadas y expuestas en la bibliogradía. Ahora bien, el libro tenía que estar enmarcado en la subjetividad, cual si fuera un antiguo relato de viajes a tierras ignotas en las que el viajero se va a encontrar con culturas diferentes, modos de pensar distintos, ritos extraños y creencias que se vienen arrastrando desde la época celtibérica.

Había, pues, que hablar de arte, pero también del espíritu de la época que vio nacer tales obras artísticas. Y es precisamente la búsqueda de ese espíritu de la época y su interpretación lo que marca el talante de esta Guía porque este libro tiene como hilo conductor una hermenéutica subjetiva, no artística sino esotérica, como se refleja especialmente al hablar de la Capilla del Venerable Palafox y advertir en ella una serie de elementos que cada día me parecen más claramente franmasónicos, interpretación que puede escandalizar a algunos.

Curiosidades

Siguiendo este planteamiento general, era preciso que el libro estuviera repleto de curiosidades que fuesen desconocidas incluso por la inmensa mayoría de los burgenses. ¿Y dónde podía yo encontrar tales anécdotas…? Pues en dos sitios: primeramente entre los textos de los cronistas clásicos de la diócesis, como Gil González Dávila, Argaiz, Quirós, Loperráez y -ya en nuestro siglo- en Vicente Nuñez, y en segundo lugar podía mostrar elementos curiosos a través precisamente de la antropología simbólica partiendo de las leyendas, la alquimia, la masonería, la historia comparada de las religiones y la fenomenología de las reliquias, los milagros, etc.

 Con este enfoque personalista, en el que lo objetivo y lo subjetivo se complementan y se confunden en ocasiones, no he tenido reparos en recurrir, ante todo, a diversos datos escritos por Fray Gregorio Argaiz que él, a su vez, extrajo del supuesto Cronicón de Hauberto Hispalense, Cronicón que, al parecer escribió en el siglo XVII un clérigo de Ibiza, Antonio de Nobis, con el seudónimo de Antonio de Lupian Zapata, y que Argaiz publicaría traducido y comentado en el año 1667, año en el que murió Lupian Zapata. Este clérigo, por cierto, fue durante un tiempo el archivero de la catedral de Burgos, donde es posible que encontrara algunos datos sobre nuestra diócesis oxomense. Este Cronicón de Hauberto fue refutado como falso por otro falsario aún mayor que Lupian Zapata, cual fue José Pellicer de Ossau, que tenía escrito y sin publicar un Cronicón muy similar al del supuesto Hauberto y que, por lo tanto, se cabreó muchísimo porque ya no podía publicarlo.

 Argaiz, por ejemplo, nos habla de San Astorgio, primer obispo oxomense, discípulo nada menos que de San Pedro y Santiago Apóstol; nos dice que hubo un templo catedralicio en Uxama, que las murallas de esta ciudad mil veces saqueada y expolidada fueron derruidas durante el reinado de Witiza, en el año 709. Nos retrasa la fundación del Burgo varias centurias puesto que nos indica que había varios monasterios hispanovisigodos en el siglo VII. Se atreve a afirmar que el Santo Cristo del Milagro, que es del siglo XI o XII, lo había enviado a Uxama el Papa San Gregorio seiscientos años antes, aunque en este caso es todavía más sorprendente leer a Gil González Dávila señalar que los burgenses creían, a comienzos del siglo XVI, poco más allá del 1.600, que esta imagen había sido tallada nada menos que por Nicodemo, contemporáneo de Cristo.

En este rebuscar curiosidades no podía por menos que citar algunas de las reliquias que Loperráez censó en 1788, hace doscientos años. Entre estas reliquias, que supongo seguirán presentes en la catedral, las había del Templo de Salomón, de la columna en que fue atado en casa de Caifás, de la piedra sobre la que cayó el sudor de Cristo en el Huerto de los Olivos y de su tierra, así como del suelo del lugar desde el que ascendió a los cielos, pero también había tierra del pesebre de Belén y de la casa en la que lavó los pies a los apóstoles… Por haber incluso había reliquias del sepulcro de la Virgen, parte de su toca y hasta la vara de Moisés.

Por otro lado he hablado en el libro sobre el ritual del Obispillo y de la Pureza de la Sangre y he referido algunos datos sobre varios dibujos astrológicos y ocultistas que hay en el códice llamado Misceláneo.

Lo heterodoxo

En lo que respecta a las aportaciones hermenéuticas que aporto, cabe resaltar la coincidencia en el tiempo (primeros de agosto) existente entre el viejo culto a Lug que existía en Uxama y el que se ha dado al supuesto primer obispo San Astorgio, a San Pedro de Osma, Santo Domingo de Guzmán y su madre, fiestas en las que el toro ha sido un denominador común desde la época celtibérica, e incluso tal vez ligur.

Vinculo, por otra parte, Uxama con la zona del Cáucaso a través de la leyenda, el mito y la filología. Ya dijo Silio Itálico que Uxama había sido fundada por los sármatas que acompañaron hasta Hispania a Hércules. Por Turquia y Bulgaria hay incluso poblaciones, hoy día, con nombres que empiezan por las letras Osma, y el culto a Santa Cristina, en mi opinión, no se refiere a la santa Cristina de Italia sino a su homónima del Cáucaso, de las tierras de Armenia y Georgia concretamente.

Igualmente doy algunas claves interpretativas sobre diversas estatuas y bajorrelieves de la catedral indicando su simbolismo alquimista y rúnico, a la par que rescato del olvido a los signos lapidarios.

También aventuro la posibilidad de que el obispo Pedro de Acosta (1539-1563), de amplia cultura renacentista, hubiera sido cautivado durante su estancia juvenil en Roma por el hermetismo, lo que explicaría que puedan darse interpretaciones esotéricas al trascoro de San Miguel, al retablo mayor, a su escudo episcopal y a la advocación escogida para el Colegio Universidad de Santa Catalina, patrona de alquimistas y masones; colegio en el que, por cierto, hubo una escuela hedonista nada más crearse siendo rector el tesorero de la catedral.

Pero quizás sea la hipótesis que lanzo sobre el probable simbolismo francmasónico de la Capilla del Venerable Palafox, también llamada de la Inmaculada, lo que más llame la atención y cause mayor perturbación y sorpresa. El jansenismo de los obispos Palafox, Calderón y Eleta subyace detrás. Y el jansenismo, como he señalado en el libro, fue condenado como doctrina herética por diversos papas en los años 1656, 1664, 1667, 1795, 1723, 1725 y 1794.

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