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San Miguel y Lucifer, Luz y Sombra, dualidades del Bien y Mal en el cristianismo

diciembre 31, 2013

A lo largo de los años he ido escribiendo sobre algunas “imagos” de la dualidad arquetípica en el cristianismo. Y en torno al tandem “San Miguel Arcángel-Lucifer”  como referente principal he recurrido iconológicamente al retablo del trascoro de la catedral del Burgo de Osma y a dos lienzos muy especiales. En los últimos diez días mis investigaciones se han centrado en el mitema luciferino-miguelarcangélico y sobre esos dos lienzos, como señalaba en el post anterior.

He aquí dos de los escritos antiguos míos sobre este “mitema dual de la lucha del Bien y el Mal” en los que se aprecia en mi interpretación la huella de la psicología analítica de Carl Gustav Jung.

El Burgo de Osma y su Catedral. Guía para el viajero curioso e inquieto (Sotabur, 1997)

  A pocos pasos de esta capilla, se encuentra el portentoso retablo del trascoro y en uno de sus bajorrelieves policromos figura Santiago Matamoros, como acontece igualmente con San Jorge que también está en el púlpito, si bien el protagonista mayor de este retablo que se ha considerado tallado por la escuela de Juan de Juni, es San Miguel con la espada en mano sometiendo a Satán y que tal vez tallara Picardo. En todo caso se repite el mismo arquetipo maniqueo: la personificación del bien derrotando al mal (moro, dragón y diablo, respectivamente).

San Jorge contra el dragón y Santiago Matamoros en el retablo del trascoro de la catedral del Burgo de Osma

San Jorge contra el dragón y Santiago Matamoros en el retablo del trascoro de la catedral del Burgo de Osma

 

El Renacimiento burgense. Con la otra mirada del Icono (Revista de Soria, nº 16, 1996)

Ahora nos detendremos en el retablo del trascoro de la catedral de El Burgo de Osma, con su iconología sorprendente, centrándonos en San Miguel, San Jorge y Santiago Matamoros.           

San Miguel en retablo del trascoro de la catedral del Burgo de Osma

San Miguel en retablo del trascoro de la catedral del Burgo de Osma

San Miguel pesando las almas en la balanza es una cristianización del dios egipcio Thot desempeñando la misma función y se halla en la escultura gótica de las portadas principal y de poniente de la catedral.

Con espada (perdida hoy día) en brazo alzado, cogiendo con la otra mano el cabello de un demonio y pisando otro, mientras un tercero, cornudo, parece huir a su izquierda, se encuentra San Miguel en el retablo del trascoro. Este demonio trino, como explico al interpretar una cara triple de un canecillo románico en Caracena (“Por Tierras de Soria…”, pág.139), es una trinidad diabólica ya citada por Orígenes y Dante, que se contrapone a la trinidad divina existente en el cristianismo y otras religiones, fiel al aserto hermético de la “Tabla Esmeraldina” en la que se indica que “como es arriba, es abajo…”.

San Jorge con su lanza sobre el dragón (insólitamente de pie en el púlpito y a caballo en el trascoro) así como Santiago Matamoros blandiendo la espada inmisericorde contra los moros y con alguno de ellos pisoteado por los cascos del caballo (trascoro y lienzo de la capilla de Santiago), inciden también en la concepción cristiana del Bien vencedor del “Mal”, y que en términos junguianos sería el triunfo implacable de la conciencia (yo consciente) sobre la “Sombra” (lo que cada persona margina, rechaza, minusvalora y desprecia de su personalidad oculta y que de tanto arrinconarla en el inconsciente personal se proyecta luego en otras personas a las que tachamos de todos los defectos que no vemos en nosotros mismos).

El mitema de la lucha eterna del Bien contra el Mal, y viceversa, es tan antiguo como la humanidad. En el cristianismo ha adoptado una forma determinada, la cual expresan crudamente esta tres imágenes. No hay aquí “coniunctio oppositorum” alguna, aunque afortunadamente si la hay, y totalmente hermética, en un cuadro guardado en el museo catedralicio en la que San Miguel luce casi toda la vestimenta del que hay en el trascoro.

La reconciliación de uno consigo mismo, y por tanto con su “Sombra”, es necesaria y vital para que el consciente adopte una postura psicológicamente sana ante el inconsciente y no haya irrupciones sin freno que, a nivel colectivo, se manifiesta en guerras y prejuicios raciales, guerras religiosas, hogueras inquisitoriales, etc.

El Burgo de Osma y su Catedral. Guía para el viajero curioso e inquieto (Sotabur, 1997)

En el Museo Catedralicio  pásmate ante los dos óleos que hay sobre las puertas, cargados de un gran simbolismo. El primero me fascina por su esoterismo astrológico y alquimista: un San Miguel vestido con la misma indumentaria de su homónimo del trascoro, con palma en la mano que parece dispuesto a entregar a un Lucifer (portador de la luz) bellísimo con los brazos formando la enigmática cruz de San Andrés. Sobre el pecho de este San Miguel (que no San Gabriel, como dicen algunos) están el sol y la luna simbolizando los dos principios de la naturaleza -el yin-yang del taoísmo chino- y las estrellas cubren su vestimenta. No hay odio, ni lucha, sino armonía, comprensión y complementación entre ambos personajes. Se ha superado la dualidad. Este cuadro, muy bastamente copiado [y con algunas diferencias], se halla también en la capilla de la Virgen del Espino.

 El otro cuadro muestra a Cristo con una cruz pisando en el lagar y mezclando su sangre con el mosto que preludia el vino eucarístico.

San Miguel y Luzbel en Burgo de Osma, réplicas-copias a partir de Martin de Vos y H-. Werix

San Miguel y Luzbel en Burgo de Osma, réplicas-copias a partir de Martin de Vos y H-. Wierix

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